viernes, 9 de julio de 2010

La Playa



Miré nuestros rostros en el reflejo que el precioso mar nos dio, mientras su dulce sonido invadía nuestros oídos ingenuos e inocentes de una forma que parecía hipnotizarnos. No había ni una nube en el cielo azul de diciembre y no había nadie que nos acompañara en esa tranquila soledad de verano. El horizonte tan lejano nos daba millones de razones para hablar, sueños que contar, secretos que confesar y miradas de complicidad que eran necesarias para expresar aquello que no podemos decir. Por último, la cálida arena permitió que tu mano y mano se crucen... y por fin entendí... Me había enamorado de ti...

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