domingo, 19 de febrero de 2012

El Pequeño Alien

Había una vez un pequeño extraterrestre que vivía en un planeta de una galaxia muy lejana a la nuestra, casi al final del universo. Estaba cansado de las rutinas, en su mundo todos los días eran iguales: de lunes a viernes sonaba el despertador, todos comenzaban a correr apurados a sus respectivas tareas repetitivas y tan sólo volvían a casa durante la noche para dormir. No había fines de semanas, ni vacaciones, todo era trabajar. Un día, el pequeño alienígena decidió robar una de las naves espaciales de su padre y se adentró en los cielos en busca de nuevas aventuras lejos de las responsabilidades de su planeta. Estuvo mucho tiempo buscando un planeta donde detenerse y comenzar una nueva vida y decidió aterrizar en uno que tenía unos preciosos colores verdes y azules: La Tierra. Al llegar vio que todo era muy parecido en su planeta. La gente siempre estaba apurada, empujaban a los demás, hacían sonar la bocina de sus autos por cualquier cosa, discutían y sólo se preocupaban por ellos mismos y por el dinero. Resignado, el pequeño extraterrestre decidió sentarse solo a llorar un rato en un callejón de la enorme ciudad en la que había aterrizado y se encontró con un humilde niño que compartía un miserable y duro trozo de pan con un adorable cachorrito. El saber que aún quedaba gente de buen corazón que compartía lo poco que tenía con los demás lo hizo sonreír y soltar una lágrima de alegría. Se presentó con el niño, se hicieron buenos amigos y juntos empezaron a vivir hermosas aventuras.


By Nick Shenial

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